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Barbate, tierra de encuentros.

Donde el Mediterráneo y el Atlántico besan sus aguas.
Donde las gaviotas se mecen con el viento de levante y de poniente, y donde se adormecen con el sonido de las olas.
Donde fenicios y romanos enterraron sus tesoros con el simple movimiento de la arena de las dunas.
Cuando hablamos de Barbate, nuestra mente imagina rápidamente una almadraba, saborea un trozo de mojama y percibe el olor a mar.
Y es que Barbate sabe y huele a mar.
Los días 14, 21 y 28 de mayo de 2026, grupos de 49, 45 y 49 socios, visitamos la localidad, con un programa previamente elaborado por nuestra compañera Leonor Malia, barbateña de pro y atenta a todos los movimientos culturales de la localidad.
Las tres visitas realizamos el mismo recorrido.
Comenzamos con una visita al Museo del atún de “La Chanca”.
Allí pudimos “sumergirnos” en un ambiente típico de las cuatro localidades vecinas que conforman la zona pesquera con almadraba: Barbate, Tarifa, Zahara de loa Atunes y Conil.
Con una recreación muy conseguida de lo que es la pesca del atún, nos encontramos junto a embarcaciones sumergidas, con sus ánforas semicubiertas por la arena del fondo del mar, y, sobre nuestras cabezas, las redes de la almadraba. Mientras, Pilar nos iba explicando todo el proceso de una almadraba, desde la colocación del sistema de redes hasta terminar con la recogida del atún. Trabajo muy coordinado por todos los marineros que se dedican a estas tareas.
Pudimos contemplar la maqueta que recrea las dependencias de una fábrica de conservas.
A continuación, pudimos observar en directo el “ronqueo” de un atún real. Término que viene del ruido que hacen los cuchillos al cortar los huesos del atún.
Un trabajo minucioso para separar y aprovechar todas las partes del atún.
Para terminar, nos tenían preparada una degustación con varias formas de comer el producto, en conserva o en salazón.
De allí nos dirigimos al pueblo, donde Sergio Román, en una ruta teatralizada, nos enseñó las zonas más emblemáticas de Barbate, desde el muelle pesquero, con su capilla de la Virgen del Carmen, a quien los marineros tienen una gran devoción y a quien piden su protección cuando salen a “la mar”, murales representativos de la vida pesquera de la localidad, mercado central, con su bóveda acristalada preparada para evitar los malos olores y puestos de pescado llamando al consumo.
Todo esto, “acompañado” por “su hermano”, para poner la nota de humor en el recorrido.
Callejeando, callejeando, hasta llegar a la desembocadura del río Barbate, en la antigüedad, navegable hasta la Laguna de la Janda.
Rincón con maravillosas vistas.
El Conde de Medina Sidonia se vio obligado a construir un castillo en su desembocadura para proteger la entrada de los ataques de los piratas.
Esta edificación se comunicaba con la fortaleza de Zahara y la Torre del Tajo, situada en el acantilado.
Actualmente, el castillo se encuentra sumergido a más de un kilómetro de la desembocadura.
El segundo día de esta visita “sufrimos” la compañía del viento de levante y, en consecuencia, la pérdida de algún sombrero protector. Pero, así es Barbate.
En la antigua fábrica de conservas de “La Chanca” pudimos degustar cinco formas de degustar el atún, algunas de ellas preparadas especialmente para el grupo por el cocinero Andrés, que llegó a compartir su exquisita receta de atún mechado.
Ni que decir tiene ¡cómo lo disfrutamos! Después del recorrido a pie, qué bien nos sentó la cervecita con sus “acompañamientos”.
De allí, al restaurante “El Timón”, situado en el paseo marítimo, donde nos esperaba una esmerada cocina.
Y, como colofón del día, Tómbolo de Trafalgar.
Por la carretera hacia Los Caños, con maravillosas vistas, Ramón, el conductor, nos llevó hasta la entrada a la carretera que nos lleva hasta el faro, donde el historiador, Antonio Aragón nos explicó la vasta historia que encierra la zona.
Andando y salvando la acumulación de arena que se forma en distintos puntos de la subida, disfrutamos de un paisaje sin igual, hasta llegar al Faro, desde donde se entiende mejor el significado de “tómbolo”.
En los alrededores, restos de tumbas megalíticas, hoy cubiertas por la arena que vuela con el levante y el poniente.
Esta última parte, debido al fortísimo viento que soplaba el día 21, no pudo ser realizada por el grupo ya que entrañaba un peligro la subida.
En la entrada a la carretera, dentro del autobús, Antonio explicó lo que habría dicho en el faro.
Como compensación y con la colaboración del conductor, el segundo grupo visitó la ermita de la Virgen de la Oliva.
Un día para descubrir, disfrutar de la historia de Barbate, de su principal fuente de riqueza, buena gastronomía y excelente compañía.
Nuestro agradecimiento a Leonor Malia, por el cariño e interés que ha transmitido en estas visitas.
A Sergio, por sus explicaciones y simpatía. A “su hermano”, sacándonos las risas.
A Antonio Aragón, que, de forma altruista, han puesto todo su empeño en esta actividad. Ojalá hubiésemos tenido más tiempo para escucharle.
A todos los compañeros, por saber disfrutar con pequeños detalles y por el ambiente maravilloso que creáis.
Nos vemos en el siguiente.
Gracias.

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