Senderismo a la Sierra de las Nieves y la Serranía de Ronda
Después de tener que aplazar el viaje inicial planificado para una estancia de 4 días en el mes de marzo por los efectos de las graves inundaciones en la zona, finalmente pudimos retomar el plan a finales de abril, adaptándolo a tres días y dos noches; del 29 de abril al 1 de mayo de 2026. Cabe destacar que, debido a que algunos equipamientos ambientales y accesos aún no se encontraban completamente restaurados tras las inundaciones, fue necesario adaptar varios de los recorridos previstos prácticamente a última hora, agradeciendo al grupo su buena disposición y comprensión.
Desde nuestros puntos de salida habituales y tras una parada para desayunar en Algodonales, llegamos a Ronda con tiempo de visitar los baños árabes de la ciudad, unos de los mejor conservados de España. Después de la comida tomamos posesión de nuestras habitaciones en el céntrico hotel San Francisco.
Por la tarde, acompañados por María y Cristobal, guías de la empresa Pangea que han permanecido con nosotros los tres días, iniciamos la primera toma de contacto con el entorno: el sendero “Olla y molinos del Tajo de Ronda”. Se trata de un paseo muy atractivo que permite descubrir una perspectiva diferente de Ronda, descendiendo hasta la base de su impresionante garganta. El sendero parte desde las inmediaciones del casco histórico y baja hacia el fondo del Tajo, donde el río Guadalevín ha esculpido a lo largo del tiempo un paisaje espectacular conocido como la “Olla del Tajo”. Durante el recorrido se pueden observar antiguos molinos hidráulicos que aprovechaban la fuerza del agua para diferentes usos y que constituyeron en su día un importante motor económico en la zona hasta la llegada de la electricidad. Hoy se encuentran en desuso y estado de abandono. Pudimos disfrutar de unas vistas únicas del Puente Nuevo desde abajo, algo poco habitual para quienes visitan la ciudad.
La tarde terminó con una cena libre, que nos permitió pasear por la ciudad y disfrutar de sus excelentes bares de tapas en la mejor compañía.
El segundo día fue, sin duda, el más exigente y también uno de los más gratificantes. Tras el desayuno, nos trasladamos al área recreativa de Quejigales, en pleno corazón de la Sierra de las Nieves, donde iniciamos el sendero de subida al Torrecilla. La ruta, de mayor dificultad, nos llevó a través de la Cañada del Cuerno por paisajes de gran belleza, con tramos de subida que pusieron a prueba la resistencia del grupo, pero que se vieron recompensados con vistas y sensaciones únicas. Los impresionantes bosques de pinsapos nos acompañaron en un exigente ascenso hasta el Puerto de Los Pilones a 1768 m de altitud. Allí pudimos disfrutar de las espectaculares vistas del Parque Nacional de la Sierra de las Nieves con su pico más alto, el Torrecilla y de su impresionante entorno como la Sierra de Grazalema y el Valle del Genal, pudiendo divisar con claridad Marbella y el mar. Desde el Puerto y a través del asombroso y único bosque de quejigos de alta montaña (Quercus fagínea subsp. Alpestris) que puebla la meseta, llegamos al nevero, una antigua construcción tradicional utilizada para almacenar nieve durante el invierno y conservarla hasta épocas más cálidas. Este elemento etnográfico aporta un interesante valor histórico al recorrido, permitiendo entender mejor los usos tradicionales de la sierra. Allí paramos para reponer fuerzas con un picnic preparado por el hotel. Algunos mas aventureros prefirieron continuar ascendiendo un poco en dirección al pico Torrecilla.
El descenso lo realizamos por la pista forestal porque la ruta planificada a través de la “Cañada de las Ánimas” se encontraba cerrada por mal estado.
Al finalizar la jornada el cansancio era evidente, pero tuvimos ocasión de reponer fuerzas con una abundante cena en el Mesón “El Sacristán” de Ronda. La cena en restaurante esa noche fue el broche perfecto para compartir impresiones y anécdotas del día. Algunos tuvimos que rematar la noche con un paseo nocturno para bajar el exceso de calorías ingeridas.
El tercer y último día nos llevó hasta Benaoján, donde realizamos la “Ruta de las Matuteras y Cueva del Gato”. El recorrido más suave que el del día anterior, fue perfecto para cerrar el viaje sin prisas y disfrutando del paisaje con calma. Especialmente llamativa resultó la visita a la Cueva del Gato, tanto por su entorno natural como por ser uno de los lugares más emblemáticos de la Serranía. Tras la ruta y un aperitivo en la terraza del Molino del Santo, nos dirigimos al Asador El Muelle, donde disfrutamos de una comida de despedida muy agradable, poniendo el punto final a estos días de convivencia.
En definitiva, ha sido un viaje de corta duración pero atractivo, en el hemos tenido que adaptarnos a las varias dificultades que surgían pero en el que hemos podido disfrutar del extraordinario entorno y, sobre todo, del habitual buen ambiente que ha reinado a lo largo de los tres días.
