Todo estaba preparado para que fuera una visita especial dado el carácter militar de las instalaciones que íbamos a conocer.
Pues desde temprano se torció todo. Lluvia, charcos y balsas de agua, alquitranado de la carretera, averías y lo peor: Caravana de coches interminable que llevó al borde de la desesperación a quienes, desde muy temprano, sufrían el paso del tiempo sin llegar al destino previsto.
Por fin y gracias a la buena predisposición de todos, pudimos empezar la visita, aunque con casi hora y media de retraso.
En el Panteón de Marinos Ilustres nos esperaba Sergio, nuestro guía y del que ya sabíamos que no nos iba a defraudar con sus amenas pero brillantes explicaciones.
Edificio imponente, que alberga mausoleos de importantes marinos allí enterrados y multitud de lápidas conmemorativas de otros tantos que evocan su vinculación y méritos en defensa de España.
Visita corta pero intensa que nos dejó con ganas de seguir allí por más tiempo.
Ya en el autobús, nos dirigimos hacia la ciudad militar de La Carraca, donde después de un riguroso control de entrada, accedimos al recinto, donde la meteorología fue, esta vez, nuestra mejor aliada.
Nos recibió el Ayudante Mayor del Arsenal de la Carraca que nos dio la bienvenida a las instalaciones.
Paseamos siguiendo un recorrido ya organizado, pasando por los restos de un pecio que apareció en los alrededores y enterrado en el lodo, las distintas naves de fabricación de material naval, el penal de las cuatro torres, la puerta del mar que comunica los muelles con la plaza de armas.
Destacar, que todo este paseo, nos fue explicado con gran profesionalidad y conocimientos, por el historiador D. Jose María Molina Martínez.
Para finalizar la visita, entramos en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario que nos fue explicada por la Srta. Inma, conocedora del sitio por su vinculación con la Parroquia.
Muy satisfechos por la visita a la Carraca, nos despedimos del día con un estupendo almuerzo en el restaurante Orígenes, ubicado dentro del club náutico Puente de Hierro.
Mi reiteración en agradecer el talante y espíritu positivo de los asistentes que, pese a las vicisitudes padecidas, mantuvieron siempre un estado de ánimo conciliador y agradecido.

